viernes, 6 de octubre de 2017



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Aquella tarde en el comedor de la empresa, en la mesa estábamos Jorge, Rogelio y yo, cuando sentí tu mirada desde la otra mesa.  En cuanto respondí a tus ojos, pude ver una de esas sonrisas discretas, casi ocultas, de las que casi no se ocupa mover músculo de la cara, pero ahí estaba, estoy seguro; el corazón se me aceleró. Es imposible no quedar atrapado en tus ojos, incluso lo sabes, y entonces lo tuve claro, quería seguir conectándome a ti, a tus ojos y embriagarme en esa mirada una y otra vez. Había encontrado a la mujer de mi vida.

Este recuerdo me sorprendió viéndote cargar en los brazos por primera vez a nuestra pequeña hija. A pesar de la gran batalla que acababas de librar en terapia intensiva, ahí estabas, sostenida solamente por la fuerza de voluntad, como una guerrera.  Te diste un baño, te hiciste unas trencitas de esas que sabes hacer pegaditas y salen por detrás de la nuca y terminan por el frente en el pecho, con mucho ánimo te pusiste crema en la cara y te dispusiste a que te subiéramos a la silla de ruedas.  Una vez sacarte al pasillo fue cosa de buscar con la mirada cual de esas bebés en los cuneros era la nuestra.  ¡Fer! ahí estás, lo supiste inmediatamente.  Ese momento fue único, todo se eclipsó en ese lugar por la imagen de verte recibiendo a tu bebé en los brazos, una vez más tus ojos me dejan sin aliento; ¡tanto amor en tu expresión! ¡tanto anhelo consumado al recibirla en brazos!, una lágrima salió dibujando una línea en tu mejilla, pero tus ojos jamás parpadearon, y eso dejó evidente la fascinación por tu niña haciendo de ese momento en algo único, mágico, un momento para haberse retratado, pero fue mejor así, lo llevo en mi alma y lo recuerdo como si hubiese sido ayer.

Estoy seguro de algo, tus ojos no solamente son tu característica personalidad, son el reflejo de la fuerza que llevas dentro.  Yo, me enamoré de esto, de una mujer fuerte y eso me quedó claro desde el principio; sigo siendo testigo de ello.  Eres una mujer fascinantemente fuerte.  Desde mi perspectiva el mundo alrededor tuyo se ve iluminado con tu presencia, lo seguiré diciendo siempre.  Más claramente, tal vez sean solo mis ideas-, pero me ha parecido percibir que puedes afectar directamente tu entorno – y de forma muy fuerte- con tu estado de ánimo.  Lo veo y lo siento constantemente, no solamente en mí, sino en amigos, familiares, gente allegada y por supuesto en nuestras hijas. Por eso estoy convencido que tú tienes algo, una fuerza, un no sé qué, que me fascinó desde el principio, que hace que las cosas sean enormemente disfrutables, la vida sabe más a felicidad cuando te ves feliz, y también todo se siente más ausente cuando no estás.